miércoles, 3 de agosto de 2011

La exégesis de Mons. Gonzalo sobre el camino de Emaús

En una conferencia sobre su experiencia misionera pronunciada en la Universidad Andina Simón Bolivar el 22 de febrero de este año, Monseñor Gonzalo López Marañón afirmó en su conclusión:

“Los dos discípulos de Emaús contaron a los Once lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir del Pan”. (Lc. 24,35). ¿Qué pan?, ¿De qué PAN hablamos? Pastoralmente hablando y para la Iglesia en Latinoamérica, el Pan de que hablamos es la pequeña Comunidad de Base o, como ahora se amplía, las comunidades vivas: ellas son el PAN partido por Jesús y reconocido en la posada por los caminos de Sucumbíos, para gloria de Dios y sincero servicio de su REINO. Y por eso podemos proclamar “¿Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón!”. (Luc. 24,34)”

Con toda honestidad, reconocemos que su afirmación tiene sentido a partir del desarrollo del tema que hace en su ponencia, un tanto indigesta, pero no se justifica. “Pastoralmente hablando y para la Iglesia Latinoamericana”, el Pan es y será siempre el pan de los Ángeles, el cuerpo y la sangre de Cristo, la Eucaristía. Atengámonos a la letra y al espíritu de la Sagrada Escritura y no hagamos que circunstancias y lugares deformen el mensaje clarísimo, necesario e insuperable de Jesús a los discípulos de Emaús y a la posteridad. Esa peculiar exégesis, fruto del libre examen de cariz protestante, no se la puede compartir.

Sinceramente creemos que la única manera de que las fracasadas Comunidades Eclesiales de Base (CEBS)  y las supuestas “comunidades vivas” a que se refiere puedan tener fecundidad y ser proféticas, es alimentándose con el Pan vivo bajado del cielo, con la Persona de Jesús realmente presente en la Eucaristía.

“Por los caminos de Sucumbíos”, como por los caminos de cualquier otro lugar del mundo, solo la Eucaristía da la verdadera  vida. No las huelgas, ni las protestas, ni los manifiestos, ni las rebeliones.

A pesar de que Monseñor Gonzalo estudió espiritualidad en Roma, en el Instituto de Espiritualidad del Teresianum, y de que en Ávila participará próximamente -es lo que se ha dicho (?) de un Curso de Especialización en Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz del que resultará Máster en Mística, su juicio sobre Lucas 24, 35 deja mucho que desear.

A propósito…  el Obispo Gonzalo ¿ya viajó a España o sigue todavía en Ecuador? Ahora él debería interesarse más por el camino de España que por el de Emaús.

martes, 2 de agosto de 2011

México tiene o tuvo su Sucumbíos

Mons. Samuel Ruiz   
Se trata de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, rincón del sur este del territorio mexicano, donde gobernó la diócesis durante 40 años un Obispo del mismo perfil de Mons. Gonzalo López Marañón: Mons. Samuel Ruiz. Este Obispo, que falleció recientemente, era también adepto de la Teología de la Liberación. En 1960, cuando Mons. Samuel Ruiz asumió como Obispo en esa diócesis, solo el 3 por ciento de los habitantes no estaba bautizado. En el año 2000, cuando entregó la diócesis un 33 por ciento de la población no estaba bautizada.

Según el Censo de población 2010 Chiapas es el estado mexicano menos católico de todo el país, allí sólo el 58 por ciento de los habitantes declararon profesar esa religión, 25 por ciento menos que la media nacional de 83 por ciento. En esa misma región creció la presencia de anglicanos, budistas, calvinistas, luteranos, metodistas, presbiterianos y hasta musulmanes.

Así las cosas, la teología de la liberación en México ha provocado la pérdida de casi la mitad del pueblo fiel, al menos en Chiapas.

Otro dato elocuente: actualmente en san Cristóbal de las Casas, fruto del empeño de Mons. Ruiz en cambiar el estilo pastoral subestimando o prescindiendo del sacerdocio ministerial, hay ni más ni menos que 329 diáconos permanentes! Mientras que los sacerdotes son solo 88. En Sucumbíos las cifras no son tan altas pero se equivalen: 10 diáconos permanentes y tan solo 4 sacerdotes diocesanos. Es verdad que en cierto sentido Mons. Gonzalo López fue más lejos, pues dio más importancia a los laicos que a los diáconos, instituyendo curiosos “ministerios” especialmente entre las mujeres.

Así son los resultados de 40 años de una manera diferente de hacer iglesia…



lunes, 1 de agosto de 2011

La historia se repite… aunque con variantes

Hace un siglo atrás, en agosto de 1910, el Papa San Pío X en su Encíclica Notre Charge Apostolique, condenó el movimiento francés llamado Le Sillon por las siguientes razones:

-por pretender actuar fuera del control de la autoridad eclesiástica,
-por tener tendencias al interconfesionalismo,
-por intentar la nivelación de las clases y proponer el igualitarismo social,
-por entender la dignidad humana ajena al prisma del Evangelio,
-por situar a la autoridad como procedente del pueblo,
-por promover la participación máxima de cada uno en la vida política,
-por afirmar la autoridad de los laicos sobre la Iglesia, por encima del Papa y de los Obispos,
-por sugerir que la autoridad y la obediencia coartan la libertad,
-por abusar de la camaradería y eliminar prácticamente las diferencias entre las personas,
-por pretender ser los mejores católicos,
-por deformar el Evangelio subestimando la divinidad de Cristo y acentuando sus virtudes sociales,
-etc.

El fundador de Le Sillon, Marc Sangnier y sus compañeros se sometieron a la Iglesia y disolvieron su emprendimiento.

Son notables las semejanzas del ideario y praxis del Isamis de Sucumbíos con los postulados de Le Sillon denunciados y condenados por el Papa Pio X. La diferencia  es que si Roma se pronunciara en el caso presente, probablemente el Obispo Gonzalo López y sus seguidores no se someterían y seguirían en su rebelde y utópica contestación. Quiera Dios que nos equivoquemos…