En una conferencia sobre su experiencia misionera pronunciada en la Universidad Andina Simón Bolivar el 22 de febrero de este año, Monseñor Gonzalo López Marañón afirmó en su conclusión:“Los dos discípulos de Emaús contaron a los Once lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir del Pan”. (Lc. 24,35). ¿Qué pan?, ¿De qué PAN hablamos? Pastoralmente hablando y para la Iglesia en Latinoamérica, el Pan de que hablamos es la pequeña Comunidad de Base o, como ahora se amplía, las comunidades vivas: ellas son el PAN partido por Jesús y reconocido en la posada por los caminos de Sucumbíos, para gloria de Dios y sincero servicio de su REINO. Y por eso podemos proclamar “¿Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón!”. (Luc. 24,34)”
Con toda honestidad, reconocemos que su afirmación tiene sentido a partir del desarrollo del tema que hace en su ponencia, un tanto indigesta, pero no se justifica. “Pastoralmente hablando y para la Iglesia Latinoamericana”, el Pan es y será siempre el pan de los Ángeles, el cuerpo y la sangre de Cristo, la Eucaristía. Atengámonos a la letra y al espíritu de la Sagrada Escritura y no hagamos que circunstancias y lugares deformen el mensaje clarísimo, necesario e insuperable de Jesús a los discípulos de Emaús y a la posteridad. Esa peculiar exégesis, fruto del libre examen de cariz protestante, no se la puede compartir.
Sinceramente creemos que la única manera de que las fracasadas Comunidades Eclesiales de Base (CEBS) y las supuestas “comunidades vivas” a que se refiere puedan tener fecundidad y ser proféticas, es alimentándose con el Pan vivo bajado del cielo, con la Persona de Jesús realmente presente en la Eucaristía.
“Por los caminos de Sucumbíos”, como por los caminos de cualquier otro lugar del mundo, solo la Eucaristía da la verdadera vida. No las huelgas, ni las protestas, ni los manifiestos, ni las rebeliones.
A pesar de que Monseñor Gonzalo estudió espiritualidad en Roma, en el Instituto de Espiritualidad del Teresianum, y de que en Ávila participará próximamente -es lo que se ha dicho (?) de un Curso de Especialización en Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz del que resultará Máster en Mística, su juicio sobre Lucas 24, 35 deja mucho que desear.
A propósito… el Obispo Gonzalo ¿ya viajó a España o sigue todavía en Ecuador? Ahora él debería interesarse más por el camino de España que por el de Emaús.

