lunes, 12 de diciembre de 2011

“Poned remedio en tan gravísimos males: desechos los templos, perdidas las almas, los sacramentos quitados…”

En las vísperas de Navidad, tiempo de expectativa y de conversión,  meditemos esta bella oración que fue escrita hace 500 años pero parece tan actual. Es de la pluma de una doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Ávila (no de Burgos) que misioneros/as Carmelitas y Teresianas tienen (o deberían tener) como referencia.

Pide remedio para las necesidades de la Iglesia de su tiempo. Nosotros podríamos agregar “pidiendo remedio para las necesidades de la Iglesia de Sucumbíos”, esta querida Iglesia particular que es católica por el ministerio de los primeros carmelitas que aquí vinieron, y no isamítica por obra y gracia de Don Gonzalo. Sucumbíos quiere ser fiel a Roma y a los Obispos y no a Puerto Libre y a los teólogos de la liberación, especialistas en disenso eclesial y en revolución social.

ORACION DE SANTA TERESA PIDIENDO REMEDIO PARA LAS NECESIDADES DE LA IGLESIA

Padre Santo, que estáis en los cielos, no sois Vos desagradecido, para que piense yo dejaréis de hacer lo que os suplicamos, a honra de vuestro Hijo. No por nosotros, Señor, que no lo merecemos, sino por la sangre de vuestro Hijo y sus merecimientos, y de su Madre gloriosa, y de tantos mártires y santos como han muerto por Vos.

¡Oh Padre Eterno! Mirad que no son de olvidar tantos azotes e injurias y tan gravísimos tormentos. Pues, creador mío, ¿cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas como las vuestras que lo que se hizo con tan ardiente amor de vuestro Hijo sea tenido en tan poco?

Está ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo: quieren poner a su Iglesia por el suelo: desechos los templos, perdidas tantas almas, los Sacramentos quitados. Pues, ¿qué es esto, mi Señor y mi Dios? O dad fin al mundo, o poned remedio en tan gravísimos males, que no hay corazón que los sufra, aún de los que somos ruines.

Os suplico, pues, Padre Eterno que no lo sufráis ya Vos, atajad este fuego, Señor, que si queréis, podéis; algún medio ha de haber, Señor mío: póngalo Vuestra Majestad.

“Si queréis, podéis”. Que Dios nos ponga un pastor y nos libre de los lobos.


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