jueves, 13 de octubre de 2011

“Bonum ex integra causa; malum ex quocumque defectu”


“El bien nace de la rectitud total; el mal nace de un solo defecto”

Este principio básico de la doctrina moral católica se debe aplicar siempre, sin dejarnos influenciar por “el que dirán”. Si el árbol es malo, no puede dar frutos buenos. Y cuando los frutos son malos, podemos tener seguridad de que el árbol no es bueno.

En otras palabras, podemos decir que una cosa es buena cuando toda ella es buena, y es mala cuando tiene cualquier defecto que no se hace nada para corregir. Este ha sido el principio moral que nos ha inspirado al dar inicio a este Blog Sucumbíos-Ecuador, que tiene la finalidad de mostrar las continuas mentiras que salían de las bocas de los “isamitas” y, desgraciadamente, de los carmelitas que los inspiraban. Y siguen saliendo, aún cuando ahora toman aires de ser los perseguidos injustamente.

La denuncia de esas mentiras no nos ha llevado a desear el mal a nadie, ni de nuestras plumas han salido palabras deshonestas, ni ofensivas a las personas que nos hemos visto obligados a acusar de mentirosos y de falsos. Esta norma ha sido bien lo contrario de la actitud que desde un inicio tomaron los seis carmelitas de Sucumbíos, dirigidos por su Capitán Fray Gonzalo López, OCD, Obispo Emérito de Vicariato de San Miguel de Sucumbíos, y en ejercicio de su autoridad por 40 años.

Podemos decirlo claramente: hemos seguido los consejos evangélicos: 1.º) advertir en privado; 2.º) advertir con dos testigos; 3.º) advertir en la Iglesia; 4.º) considerarlos excolmugados de la comunidad cristiana. ¡Cuándo no se corrigen y persisten en el engaño y la mentira, para desviar a los buenos!

Por eso, cuando hoy por la mañana, al tomar conocimiento de las novedades que sobre Sucumbíos se escriben en la prensa y en los blogs, y nos encontramos con la foto de Fray Gonzalo, OCD, de Mitra y Casulla, que aquí reproducimos, tuvimos una agradable sorpresa: ¿Se habrá convertido? Así, tan Obispo, nunca lo hemos visto en su Diócesis amazónica. No somos tan mayores cuanto él, pero otras personas a las que hemos podido consultar, no recuerdan haberlo visto asi vestido.

Nos hace recordar lo sucedido a un joven carmelita, que al iniciar su noviciado vestía con alegría su hábito talar hasta que un día llegó un viejo carmelita castellano (con certeza no se trataba de Fray Gonzalo, OCD) y les suelta de sopetón: “¿qué hacen con esas ropas que parecen monjas? ¡Quitensé eso para siempre!”

Para siempre quedó esa puñalada en su corazón. De diez que habían entrado en su promoción, después de pasar varios años en Sucumbíos, solo dos sobrevivieron como sacerdotes. “¡Lo que había en Sucumbíos no era la Iglesia Católica!”

No podemos huir de esta realidad, que hasta la llegada de los misioneros del Papa, los Caballeros de la Virgen – Heraldos del Evangelio, se ocultaba a nuestros ignorantes ojos. Cuando vimos a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana brillar con la luz de los santos, comprendimos el engaño en que habíamos vivido y la falsedad y la maldad de los que nos habían mantenido en esa situación. “Ni entran, ni dejan entrar en el Cielo”, acusaba Nuestro Señor Jesucristo a los Escribas, Fariseos y Doctores de la Ley, que a manera de Fray Gonzalo, OCD, pretendían “otra iglesia es posible”.
Claro que será posible, y no le han faltado adeptos para lograrlo. Pero no es la Iglesia Santa que el pueblo de Sucumbíos quería y sigue queriendo, y que comenzó a ver en los Heraldos del Evangelio. “Los Heraldos dividen”, vociferaba el Maestro Sandro desde su columna periodística italiana, con la mala intención de querer indisponer a las autoridades vaticanas cuando se iban a realizar las conversaciones entre la jerarquía de la Iglesia Ecuatoriana y la Curia Romana.

Los que dividen no son los Heraldos, lo estamos viendo bien claramente ahora (pero eso desde Italia no lo ve el señor Sandro Magister), cuando los Heraldos hace ya seis meses que se fueron y tomó las riendas del Vicariato Mons. Polibio Sánchez. Por más concesiones que ha hecho a los “isamitas” en todas sus exigencias, no apacigua la fiera, que siempre que ve la flaqueza del adversario se crece y quiere más.

Los Heraldos no estuvieron preocupados en saber lo que hacían los discípulos del Capitán. Se preocuparon por atender las necesidades de los fieles, como sacerdotes celosos en la salvación de las almas. “¿De qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?”. Y los “isamitas” viendo que perdían sus bases políticas, y perderían sus prebendas económicas, montaron un esquema de agitación que diese pretexto al gobernante Correa y a los suyos, para exigir a la Iglesia que retirase la “buena doctrina” y dejase a los que ya conocía.

Fray Gonzalo, OCD, podrá cumplir todos los años que Dios le conceda; podrá recibir las felicitaciones de todos sus discípulos y compañeros de lucha, pero para alcanzar la vida eterna tendrá que pedir mucho perdón y arrepentirse del camino errado que escogió. No somos jueces, uno sólo es el Juez: Dios. Pero si “el bien nace de la rectitud total y el mal nace de un solo defecto” (Santo Tomás, Summa Theologica, I-II, q. 18, a4), no podemos tener miedo de afirmar bien alto que muy malo fue Fray Gonzalo, sus carmelitas de Burgos y sus agentes españoles o americanos que trajo para llevar adelante su plan de fundar una “iglesia diferente”.
 

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