lunes, 1 de agosto de 2011

La historia se repite… aunque con variantes

Hace un siglo atrás, en agosto de 1910, el Papa San Pío X en su Encíclica Notre Charge Apostolique, condenó el movimiento francés llamado Le Sillon por las siguientes razones:

-por pretender actuar fuera del control de la autoridad eclesiástica,
-por tener tendencias al interconfesionalismo,
-por intentar la nivelación de las clases y proponer el igualitarismo social,
-por entender la dignidad humana ajena al prisma del Evangelio,
-por situar a la autoridad como procedente del pueblo,
-por promover la participación máxima de cada uno en la vida política,
-por afirmar la autoridad de los laicos sobre la Iglesia, por encima del Papa y de los Obispos,
-por sugerir que la autoridad y la obediencia coartan la libertad,
-por abusar de la camaradería y eliminar prácticamente las diferencias entre las personas,
-por pretender ser los mejores católicos,
-por deformar el Evangelio subestimando la divinidad de Cristo y acentuando sus virtudes sociales,
-etc.

El fundador de Le Sillon, Marc Sangnier y sus compañeros se sometieron a la Iglesia y disolvieron su emprendimiento.

Son notables las semejanzas del ideario y praxis del Isamis de Sucumbíos con los postulados de Le Sillon denunciados y condenados por el Papa Pio X. La diferencia  es que si Roma se pronunciara en el caso presente, probablemente el Obispo Gonzalo López y sus seguidores no se someterían y seguirían en su rebelde y utópica contestación. Quiera Dios que nos equivoquemos…

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