jueves, 25 de agosto de 2011

En Santo Domingo se celebran 500 años de fundación de la primera diócesis en América


(en destaque –negrita– lo que deben meditar lauritas, carmelitas, teresianas, anas, magdalenas, consolatos y otros de isamis)

Zenit, martes 23 de agosto de 2011. “El Señor ha querido que el Evangelio llegara allí donde se encuentran los hombres, en su historia y con su propia cultura. La historia hay que leerla desde la fe, pero no pretender cambiar la fe para que se adapte a la historia de los hombres. Es historia de salvación. Quien salva es Dios”, dijo el Cardenal Amigo, Delegado Pontificio para las celebraciones de los 500 años, y recordó los días de gracia en los que la Iglesia ponía en América unos sólidos fundamentos en sus estructuras evangelizadoras.

Mencionó que, en la Asamblea del CELAM celebrada aquí, en Santo Domingo en 1992, se subrayó “la necesidad de una nueva evangelización, con una Iglesia fuertemente arraigada en Pentecostés, que desea crear tiempos nuevos de evangelización, siempre teniendo como fundamento una fe sólida, una caridad intensa, una seria fidelidad y un entusiasmo lleno de fundadas esperanzas”.

“Tenemos necesidad de una nueva evangelización que impulse a profundizar en los valores de nuestra fe, para que sean levadura fecunda y configuren la identidad de los pueblos que un día recibieron la luz del Evangelio”, subrayó el purpurado.

Bendijo a Dios por toda su bondad, por estar celebrando los quinientos años de la erección de la archidiócesis de Santo Domingo. “La diócesis –dijo- es una parte del pueblo de Dios. No tiene ni otros intereses ni otros proyectos que no sean los que Dios, en Jesucristo, quiere para todos los hombres. Ahora bien, como pueblo que camina peregrino por este mundo, se hace visible en las personas, en su organización, allí donde vive y trabaja”.

“La Iglesia –afirmó- es inconcebible sin Cristo y sin los miembros que componen el cuerpo de Cristo. Una Iglesia universal presente en cada una de las diócesis. Una Iglesia con vocación de eternidad, pero presente en un mundo concreto. A la Iglesia universal estamos unidos en los fuertes vínculos de comunión en la misma fe y en el magisterio del Papa, que es Pastor universal”.

En resumen:

1)      Evangelizar desde la fe, y no desde los pobres o las culturas.
2)      Como lo hicieron los primeros misioneros, sólidos fundamentos.
3)      Valorizando las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.
4)      Para configurar la identidad de los pueblos.
5)      Con la sola intención de la gloria de Dios y bien las almas y no otros proyectos.
6)      Haciendo parte de la Iglesia universal (y no haciendo otro modelo de iglesia).
7)      Unidos al Papa, pastor universal.

¿Qué tal? Aire puro, agua limpia, oxígeno saludable.


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