lunes, 13 de junio de 2011

Un nuevo manifiesto anónimo de isamis

Comentario a otro comunicado anónimo publicado en el blog isamis2010: “De la VR de sucumbíos”

Firman esta declaración “Comunidades de Vida Religiosa de Sucumbíos”, un enunciado anónimo, de esos de que Isamis se vale para sugerir popularidad. En Sucumbíos están presentes unas 15 congregaciones religiosas, algunas representadas por una sola persona. Las hay que firmarían sin duda este manifiesto (como los Consolatos y las Lauritas). Y también hay otras que están lejos de suscribirlo (las Siervas del Divino Espíritu y los Franciscanos Conventuales, por ejemplo). ¿Por qué no declinar los nombres de los religiosos/as o de las congragaciones para dar autenticidad al escrito?

Esta laguna es muy significativa. Hace unos días atrás, la CER emitió también una nota en el mismo sentido de esta que dejó descontento a muchos religiosos. Los que hablan de diálogo y contra un supuesto autoritarismo son los que desconocen las diferencias e imponen sus visualizaciones…
En todo caso, lo que es claro e importante es que este escrito se basa en un enorme equívoco y es que el modelo de 40 años de iglesia es satisfactorio y debe de ser continuado.

La Santa Sede, a través de las instancias correspondientes, se ha pronunciado en el sentido de “implantar” (fue el término duro que se usó en su momento) en Sucumbíos un modelo de evangelización diferente.

Eso les duele y les irrita tremendamente a los responsables del fracaso de Isamis, a tal punto que no son capaces de hacer un examen de conciencia y una autoevaluación sincera, carente de amor propio.

Hay que rendirse a la evidencia: es necesario para Sucumbíos la paz, el orden y la reconciliación que solo pueden ser consecuencia de la ortodoxia y de la virtud.
Y es inútil utilizar argumentos sentimentales -como el que hay misioneros que han dado su vida por ese modelo de iglesia. El problema es ver si el modelo es bueno o atenta contra la gloria de Dios, los intereses de la Santa Madre Iglesia y el bien de las almas.

Este lenguaje claro, sencillo y elemental -que lo entiende cualquier niño inocente- es despreciado y anatemizado las tales ignotas “Comunidades de vida religiosa de Sucumbíos”, algunas de las cuales bien podrían llamarse “Comunidades de vida política y social de Sucumbíos”.

Ahora, si esas “Comunidades” no están de acuerdo con el Papa, ni con la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, ni con los Obispos del Ecuador, ni con el Nuncio del Vaticano, ni con el Administrador Apostólico, ni con sus Superiores religiosos (como es el caso de los Carmelitas Descalzos), ahí la cosa no tiene remedio…


El manifiesto anónimo de isamis sigue a continuación:


De la VR de Sucumbíos
Hermanos del Episcopado Ecuatoriano:
Nosotros-as, religiosas y religiosos, presentes y haciendo camino de vida, comunión y participación en la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, sentimos la necesidad y queremos compartir con Ustedes, en esta hora de dolor, para expresar no sólo nuestro sentir, sino también una palabra que quiere responder a la vocación profética que nos ha sido concedida por Dios en la Iglesia.
Es por esta razón por lo que queremos en primer lugar, reconocer sus esfuerzos y su trabajo por el pueblo de Dios en Ecuador expresado en su entrega y amor en las distintas diócesis de este país. Creemos que es ese trabajo y esos esfuerzos los que han impedido que ustedes se hayan mostrado más cercanos y solidarios con nuestra Iglesia de Sucumbíos. Desde lejos las situaciones se ven de manera muy distinta de cómo se perciben desde cerca. La mirada a distancia permite contemplar la globalidad, pero esta visión no es completa si no se produce al mismo tiempo, un intento de proximidad para juzgar lo que pasa desde abajo, y concretamente desde quienes sufren: pobres y pequeños. Esa cercanía con las víctimas es la que permite juzgar lúcidamente y es la que nos proporciona una sabiduría que no la tienen los sabios y entendidos de este mundo. Esa cercanía es la que hemos echado de menos en ustedes en todos estos meses en los que la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos ha sido atropellada y lastimada con pretextos que todavía no entendemos. Esa cercanía la hemos echado de menos en la mayor parte de ustedes en este momento en que Mons. Gonzalo, compañero del Episcopado durante cuarenta años, está realizando un ayuno para la curación de heridas y reconciliación de Sucumbíos.
Desde la óptica de los pequeños, y considerándonos nosotros y nosotras mismas pequeños-as, les queremos hacer llegar nuestro dolor indignado y sufriente. Rezamos con el salmista: “tu pueblo tiene una herida de fuertes dolores”. La Iglesia de Sucumbíos ha sido una iglesia sufriente, y por ello identificada con el Maestro. La experiencia espiritual que ha brotado de este sufrimiento no tiene medida cuantificable. Pero se deja ver y se manifiesta constantemente en las personas que son piedras vivas: comunidades campesinas, urbanas, negras e indígenas, ministerios, catequistas, animadores, agentes de pastoral social, religiosos y religiosas, sacerdotes, organizaciones sociales, agentes de transformación social y política y gente de buena voluntad.
Esta iglesia sufriente está siendo sometida a una prueba que va más allá de todo lo que ha vivido hasta ahora. Esa prueba golpea y pone en riesgo no sólo su fe y su compromiso, sino también la vida de personas, porque no proviene de ningún poder político o económico, sino que está en el seno mismo de la jerarquía de la Iglesia, que por razones que no entendemos, ha utilizado su autoridad no como servicio, sino como autoritarismo estéril, que busca arrasar con una espiritualidad, con un trabajo pastoral, con una diversidad ministerial, y en fin con una vida eclesial.
Debemos hacer memoria, porque es por ella por la que adquirimos dignidad y fuerzas nuevas para continuar. Dios mismo quiso, después de la experiencia de cuarenta años en el desierto, que su pueblo no perdiera la memoria. Porque sabía que sin ella, podrían atribuirse algo a sí mismos en lugar de a quien le correspondía la liberación y la vida. Nosotros, nosotras, conscientes de que la memoria es también lugar de redención y liberación, no dejamos de hacer memoria de no sólo de los cuarenta años del caminar de esta Iglesia, sino también de los acontecimientos que se han producido durante los siete últimos meses en Sucumbíos:
La salida intempestiva de Mons. Gonzalo López Marañón exigía una palabra por parte de los hermanos de Episcopado. ¿Cómo es posible semejante trato a alguien que durante largos años ha formado parte de la Conferencia Episcopal? ¿No existen mecanismos dentro de nuestra iglesia para ayudarnos y corregir errores? ¿No había manera de interceder ante la Santa Sede para que la salida de Monseñor Gonzalo López fuera realizada con la mínima consideración hacia una persona de setenta y siete años que ha dado su vida entera por esta iglesia y este pueblo. Una palabra tajante y contundente por parte de la Conferencia Episcopal era muy necesaria al respecto.
La llegada y actuación durante meses de los Heraldos del Evangelio ha tenido consecuencias nefastas para esta Iglesia. Han generado una violencia y una división de la que tenemos que recuperarnos con todas las fuerzas espirituales de las que seamos capaces. Tenemos una tarea urgente y necesaria pendiente: la reconciliación y la reconstrucción de la vida comunitaria. ¿Cómo es posible que nuestra Iglesia genere documentos inspirados y luego manifieste una voluntad decidida a terminar y acabar con todo un camino pastoral basado en el Vaticano II? Esta contradicción tiene confundido al pueblo de Dios, que no acaba de creer lo que está pasando. Esta contradicción ha puesto en guardia a sectores de esta Iglesia que debieran tener algún descontento no manifiesto anteriormente, y que ante la situación, se han posicionado del lado de quienes les otorgan mayor seguridad, que por desgracia, para justificarse, han alentado en estos grupos un antagonismo y fanatismo tal, que ha llegado al extremo de atentar contra la vida de un ministerio de la Iglesia. Necesitamos la palabra decidida, la visión clarividente y el consuelo esperanzador de nuestros Hermanos Obispos, Pastores del rebaño.
Hacer memoria de todo esto no sólo es una tarea que debamos hacer quienes vivimos y queremos dar vida en Sucumbíos, sino que es una obligación de toda la Iglesia ecuatoriana. Este ejercicio de memoria quizás nos permita a todos y a todas comprender el dolor profundo que como Vida Religiosa estamos experimentando:
Nos duele la situación de injusticia, pobreza, marginación y opresión que cada día sigue presente en medio de nuestras pequeñas comunidades.
Nos duelen las decisiones equivocadas y erróneas por parte de nuestra jerarquía eclesiástica que han confundido a nuestro pueblo y que mantienen en zozobra a muchos espíritus sencillos.
Nos duele la falta de muestras de compromiso audaz por parte del Episcopado Ecuatoriano frente al autoritarismo indolente con el que ha sido tratada la Iglesia de Sucumbíos.
Nos duele especialmente la postura de Mons. Arregui ante los medios de comunicación. Su palabra de autoridad debiera ser usada para un reconocimiento humilde de las equivocaciones de nuestra Iglesia y no para alentar debates y posicionamientos que son una cortina de humo frente a lo que realmente está pasando.
Nos duelen las amenazas, presiones y persecuciones que hemos recibido como Vida Religiosa dentro de nuestra Iglesia.
Nos duele de igual manera que la Vida Religiosa de nuestra Provincia esté actualmente dividida, tal y como también sucede con las comunidades cristianas.
Nos duele la expulsión y el trato dado a los misioneros carmelitas y que éstos no hayan sabido las razones de tal expulsión. Nos duele esta forma de proceder que castiga a personas que no han hecho más que entregar, y algunos de ellos por más de cuarenta años, su vida entre estas gentes y esta tierra.
Nos duele ver a las personas de las distintas comunidades que nos preguntan qué está pasando y no comprenden cómo es posible tanto daño para estos misioneros y para esta iglesia. Nuestra respuesta ante tanto dolor es difícil, porque nosotros y nosotras participamos del mismo dolor e indignación.
Hermanos del Episcopado, les animamos a que actúen desde el análisis profundo de lo que está pasando. Apelamos a su sentido de colegialidad y corresponsabilidad, a su sentido evangélico y a su seguimiento del Maestro.
Por nuestra parte, hemos iniciado un proceso de sanación y reconciliación con toda la Iglesia de Sucumbíos. Necesitamos perdonar y ser perdonados-as, ese don maravilloso del Espíritu. Necesitamos que sanen las heridas y que se produzca una reconciliación. Reconocemos que solos no podemos, necesitamos que también ustedes salgan con nosotros-as al encuentro de este pueblo dolorido y sufriente. Este gesto le pedimos para todos-as a nuestro Dios, que es capaz de escribir derecho en renglones torcidos.
Hemos querido ofrecerles nuestro dolor y nuestra palabra. Pero deseamos que dicha palabra no llegue tarde y sirva para algo. Que ese Dios que en Jesús se hizo Palabra de Vida, también nos conceda seguir sembrando y cultivando la vida allá donde estemos. Oramos por ustedes, oramos por toda la Iglesia, oramos por el pueblo de Dios de Sucumbíos. Y sabemos que esta oración es eficaz y acabará transformando lo que nuestras fuerzas no son capaces de transformar.
Comunidades de Vida Religiosa de Sucumbíos
Lago Agrio, 7 junio 2011

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